Si estás compitiendo en la Ciudad de México o entrenando en el desierto, la aclimatación al calor a gran altitud cambia la forma en que tu cuerpo maneja el estrés. Los Juegos Olímpicos de 1968 en la Ciudad de México son el ejemplo clásico. Los atletas que compitieron allí se beneficiaron del entrenamiento en altura antes de los juegos. El aire más enrarecido obligó a realizar ajustes fisiológicos que ayudaron al rendimiento.
No se trata sólo de la altitud. Si la competición se desarrolla en un clima cálido, también necesitarás entrenamiento en calor. La exposición gradual al clima cálido permite que su cuerpo elimine mejor el calor. Empiezas a sudar más. La producción de sudor aumenta en las áreas más expuestas de tu cuerpo. Esta eficiencia mantiene baja la temperatura central cuando es necesario.
Tu cuerpo funciona en una red compleja. Los músculos, el corazón, los vasos sanguíneos, los pulmones, el sistema nervioso y la piel trabajan juntos. Responden al ejercicio de una manera específica. Su trabajo es alimentar los músculos que trabajan. La formación mejora estos sistemas. Mejores sistemas significan un mejor rendimiento deportivo. La coordinación es precisa. No puedes fingir. Tienes que entrenar donde actuarás.
“La reacción del cuerpo al ejercicio es una respuesta cuidadosamente orquestada de varios sistemas”.
Pregúntese por qué tiene dificultades con el calor. Quizás tu entorno de entrenamiento no coincida con tu entorno de competición. ¿Qué sistemas están rezagados? Es posible que los pulmones no extraigan oxígeno de manera eficiente. Es posible que la piel no esté sudando lo suficiente. Es posible que el corazón esté trabajando demasiado para impulsar la sangre. La capacitación soluciona estas brechas. No es magia. Es la biología respondiendo al estrés constante.
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