Extensiones de cabello: riesgos químicos ocultos para la salud de la mujer

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Millones de mujeres dependen de las extensiones de cabello para peinarse, pero un nuevo estudio revela que estos productos pueden contener una inquietante variedad de sustancias químicas peligrosas, incluidos posibles carcinógenos y disruptores hormonales. Los hallazgos plantean serias dudas sobre la seguridad del consumidor, especialmente para las mujeres negras que usan estos productos de manera desproporcionada.

Peligros ocultos en una industria multimillonaria

Investigadores del Silent Spring Institute analizaron 43 productos de extensión de cabello (cabello sintético y humano) comprados en los principales minoristas. Su amplio método de detección detectó 169 sustancias químicas en las muestras, y todas menos dos contenían al menos una sustancia peligrosa. No se trata sólo de fibras sintéticas: también se encontraron sustancias químicas nocivas en las extensiones de cabello humano.

El estudio identificó 48 sustancias químicas en las listas de principales peligros, incluidas 12 relacionadas con el cáncer, defectos de nacimiento o daños reproductivos. Lo preocupante es que 17 sustancias químicas asociadas con el cáncer de mama estaban presentes en más de las tres cuartas partes de las muestras. Casi el 10% contenía organoestaño, que puede alterar las hormonas y potencialmente causar cáncer en niveles que superan los umbrales de seguridad de la UE. Otras sustancias detectadas incluyeron retardantes de llama, ftalatos y pesticidas.

Por qué esto es importante: exposición acumulativa y riesgo desproporcionado

El estudio no prueba que las extensiones de cabello causen cáncer, pero los análisis químicos confirman el potencial de efectos tóxicos. El verdadero peligro radica en la exposición acumulativa a lo largo del tiempo. Las mujeres negras, que frecuentemente usan extensiones durante períodos prolongados, corren un mayor riesgo.

Como señala la Dra. Leandra Barnes (Universidad de Stanford), las extensiones a menudo se usan continuamente durante semanas, lo que aumenta la exposición. Se colocan cerca del cuero cabelludo, la cara y el cuello, y con frecuencia se peinan con calor, lo que permite tanto la absorción de la piel como la inhalación. Las mujeres negras suelen empezar a utilizar estos productos a una edad temprana y los combinan con otros tratamientos químicos (relajantes, tintes), lo que hace que los efectos a largo plazo sean aún más preocupantes.

Falta de transparencia y vacíos regulatorios

La industria de la belleza opera con una transparencia mínima, especialmente en lo que respecta a los productos comercializados para mujeres negras. Se prevé que crecerá el mercado de extensiones de cabello valorado en 14.000 millones de dólares, pero la divulgación de los ingredientes sigue siendo en gran medida voluntaria. Esta falta de supervisión coloca la carga sanitaria sobre los consumidores, lo que genera preocupaciones sobre la equidad y la justicia ambiental.

“Estos hallazgos resaltan cómo a la industria de la belleza… se le ha permitido operar con transparencia limitada”, dice el Dr. Barnes.

Reducir el daño: lo que los consumidores pueden hacer (por ahora)

Si bien la seguridad total es imposible dadas las prácticas actuales de la industria, la reducción de daños es posible:

  • Elija opciones libres de toxinas: El estudio identificó dos productos sin químicos dañinos.
  • Reducir frecuencia y duración: Use extensiones con menos frecuencia y por períodos más cortos.
  • Lavar antes de usar: Retire los productos químicos residuales antes de la instalación.
  • Evita la piel irritada: No instales extensiones en cueros cabelludos dañados o inflamados.
  • Minimiza el peinado con calor: Reduce la exposición a altas temperaturas.

Si se producen llagas, sarpullidos o picazón después de la instalación, retire las extensiones inmediatamente.

La necesidad de cambio

La carga de mitigar los riesgos no debería recaer en los consumidores. La divulgación obligatoria de los ingredientes, las pruebas exhaustivas y el etiquetado claro son esenciales. Hasta entonces, la salud de millones de personas sigue en juego. Estos hallazgos subrayan la necesidad urgente de una regulación más estricta y una transparencia total para que los consumidores puedan tomar decisiones informadas sobre los productos que utilizan en sus cuerpos.